A ver si aciertan en qué país del mundo puede tener lugar la siguiente escena, real y contada por su protagonista: 7.30 de la mañana. Un ingeniero vasco va de copiloto junto a otro trabajador de ese país extranjero que no voy a citar. Éste último va conduciendo. Se dirigen a la sede de Volvo (ya les he dado una pista). A la hora de aparcar su bólido, cruzan todo el aparcamiento, por cierto, gigantesco y totalmente vacío. Llegan los primeros. Y va y el que lleva el volante estaciona el vehículo en el punto más alejado de la entrada principal del edificio al que tienen que acceder. No, no hay reservados ni señales para conductores con discapacidad. Nada. Están solos. Tras unos minutos de incertidumbre, el vasco le pregunta al conductor por qué no deja el coche un poco más cerca de su punto de interés. Respuesta: “No, aquí el primero que llega aparca lo más lejos posible para que aquellas personas que se hayan dormido o andan tarde, puedan aparcar lo más rápido posible”. Reflexión del vasco: “¡Encima hacen el favor a quienes se les han pegado las sábanas!. ¡Así cualquiera viene a tiempo al currelo!”
¿Adivinan dónde puede ocurrir esto?
Otra escena: Una pareja se monta en el autobús para un trayecto nocturno de doce horas. Han pasado el día en bañador en la playa, pero de noche, hace frío. “Conductor, por favor, ¿podría quitar el aire acondicionado?”. Respuesta: “No, señor. El aire acondicionado va incluido en el precio que usted ha pagado”.
Respuesta: La primera escena es de Gotemburgo, Suecia. La segunda, de México, en un trayecto entre Oaxaca y San Cristóbal de las Casas.
¿Por qué seremos tan diferentes los unos de los otros?
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