martes, 1 de junio de 2010

Endemoniar las incineradoras es un discurso caduco

ASIER ARANBARRI URZELAI Portavoz de EAJ/PNV en Juntas Generales de Gipuzkoa

De vuelta de París, tengo la sensación de que estamos siendo espectadores y partícipes de un debate sumamente estéril y que se ha estirado hasta el no va más, lo cual tampoco sale gratis. En el siglo XXI tenemos dos alternativas: volver al sistema de vertederos o la incineradora. La primera huele. Si no fuéramos una sociedad civilizada, acabaríamos invadidos por nuestros propios residuos. La segunda ni huele, ni hace ruido. Las dioxinas que puede emitir en un año no superan el volumen de un azucarillo y los vehículos que pasan junto a la planta contaminan más en un cuarto de hora que la incineradora en todo un año. Viendo todo eso, me digo, los franceses nos dan unas cuantas vueltas. Para ellos, instalar una incineradora no supone mayor quebradero de cabeza que colocar un semáforo.

He llegado a esa conclusión tras visitar la semana pasada las plantas incineradoras de París y Lille junto al resto de representantes de las mancomunidades y miembros del Consorcio de Residuos en un viaje relámpago encabezado por nuestro diputado general, Markel Olano.

Y nosotros, erre que erre. ¡Si hasta Carolina de Mónaco se daría de bruces con una planta incineradora si sacara al perro a pasear!. Llevamos 17 años con este debate, hasta que en 2002 el Consejo de Diputados aprueba el Plan Integral de Gestión de Residuos Urbanos (PIGRUP) que contempla la valorización energética mediante la incineración. Ahora bien, hay que tener claro que la incineración no es un sistema de recogida. Sirve para eliminar los restos de residuos que quedan tras destinar el mayor porcentaje posible al reciclaje y al compostaje, ya que técnicamente es imposible eliminar todos los restos por muy ejemplares que seamos a la hora de depositar cada material en su contenedor correspondiente.

Para recoger las ingentes cantidades de residuos urbanos que generamos, desde las Juntas Generales de Gipuzkoa aprobamos en 2008 la implantación del 5º contenedor con un objetivo claro: Prevenir, reciclar y compostar hasta un 60% de residuos. Este sistema sí compite con el de puerta a puerta. ¿Cuál es el problema? El primero, que algunos han hecho del PAP su bandera política, haciendo un uso político del tema y dejando de lado los criterios técnicos como hicieron en su día con el TAV. El segundo, el coste. En Urnieta, por ejemplo, el quinto contenedor supone un ahorro de 300.000 euros respecto al PaP. En cualquier caso, está comprobado que no obtiene mejores resultados que el contenedor, y que muchos vecinos de Usurbil, donde se ha implantado el PaP, se ven tentados a cargar el maletero con sus bolsas de basura para echarlas en contenedores de algún municipio vecino. El problema no es que se vean tentados, sino que caen en la tentación. Ése es otro de los problemas y hay uno más, y es que atenta contra la intimidad de las personas porque, al menos a mí, no me apetece que anden hurgando y curioseando en mi basura. Y es que el PaP es de cumplimiento obligatorio, mientras que el quinto contenedor se limita a invitar a ser más sensible y responsable. Pero para disipar dudas, ahí van algunos datos recogidos en marzo, para quienes aseguran que sólo en Usurbil se recoge más materia orgánica con el PaP que en toda Gipuzkoa con el quinto contenedor, y es que hay un dígito de diferencia ni más ni menos, y son datos reales:

  • Volumen recogido con el 5º contenedor: 122.000 kg.
  • Volumen recogido por el PaP: 77.500 kg.

También hay que denunciar el silenciamiento de datos que mantiene el Ayuntamiento de Usurbil, y cuando se decide a hacerlos públicos, los datos no coinciden con los ofrecidos por la Mancomunidad de San Marcos. Y en ésas estamos.

Este año, las mancomunidades procederán a la implantación del quinto contenedor, tras la experiencia piloto en la que han participado 4.689 familias voluntarias. La previsión es comportar 53.000 toneladas en 2016.

De momento, esperemos que en 2010 arranquen las obras para la construcción del vial y de la plataforma del Centro de Gestión de Residuos de Gipuzkoa, para que en 2011 empiecen a construir la incineradora. No sé si la instalación será tan espectacular como la de París, pero habremos dejado atrás un debate que ya no tiene razón de ser.

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