jueves, 25 de febrero de 2010

Ikurriña

ASIER ARANBARRI URZELAI Portavoz de EAJ/PNV en Juntas Generales de Gipuzkoa

¿Porqué si nos venden la idea de que somos ciudadanos universales, nos obligan desde Madrid a colocar la bandera española en la Diputación Foral? Porque no sólo existe el nacionalismo vasco. Existe el nacionalismo español que necesita sus propios símbolos, en este caso, para mostrar su supremacía institucional. Para decirnos que nuestro pueblo les pertenece. Para decirnos que nos limitamos a la txapela y a la txalaparta, cuando ellos se han propuesto vender una imagen de progres falsos y cosmopolitas. Y digo falsos porque no encuentro razón alguna para tildar a los socialistas de progres aunque creen que han ganado esa batalla por legalizar el matrimonio homosexual o prohibir el tabaco.

¿Porqué si tenemos nuestra propia identidad y podemos elegir como pueblo nuestro destino, no podemos ver la ikurrina en Bruselas?

¿Porqué los que creen que el nacionalismo vasco sólo se basa en el romanticismo y en los sentimientos, hacen lo mismo con su sentimiento nacionalista –el español- apartando la razón, como dicen, y empapelando las paredes con la rojigualda?

¿Porqué los principios del nacionalismo cambian en unos casos u otros? ¿Porqué es excluyente el vasco y no el español? ¡Ah! Porque somos una nación sin estado. Pero una nación con sentimientos y razón. Una nación que asume el hecho diferencial vasco no como una fanfarronería, sino como autenticidad para sentarnos con nuestra propia identidad en la mesa europea o mundial. Un sentimiento que nadie puede quemar como las banderas. No es progre el que dice que las banderas sobran. Ni siquiera es respetuoso con los suyos. Ahora bien, la bandera, cualquiera, sólo sirve para poner color a un sentimiento. El sentimiento siempre es el mismo. Y nuestro discurso, también. No somos un pueblo estéril. Sentimos. Vemos. Nos abrimos. Nos movemos.

Todos tenemos un nombre. Y no nos gusta que nos lo cambien. Todos tenemos un apellido y nos molesta que nos confundan. Todos tenemos un pueblo y nos ofende que nos conviertan en ciudadano de otro.

Sí somos un pueblo con las venas abiertas, Con las raíces bien profundas y un ramalaje amplio. Nuestro árbol hará sombra a aquellos que se estén ardiendo bajo el sol, sean quienes sean. Pero si intentan quitarnos el árbol, solo se encontraran con nuestras sombras. Nos habremos ido.

En una familia amplia, cada miembro conserva su nombre y apellido. Todos son diferentes entre sí pero forman una familia. En un mundo global, cada pueblo tiene que conservar su identidad aunque esa identidad abarque pluralidades distintas. No se elige la familia. Tampoco la patria. Nosotros ya tenemos bandera. No hace falta izarla. Está en nuestro árbol.

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