Vivimos en una sociedad saturada de información y deficitaria en cuanto a formación en muchas materias. Hay algo que nos cuesta mucho, y es el cambio como consecuencia a una reflexión anticipada. El “porque siempre ha sido así” es una de nuestras máximas preferidas. Si por ley tenemos que dejar de fumar en sitios públicos o tenemos que comprar un descodificador para la vieja tele analógica, lo hacemos. Somos obedientes; Pero en general, los cambios, fruto de una mentalidad visionaria, nos producen urticaria, por muy innovadores que nos creamos. Digamos que somos de digestión difícil porque cuesta ver más allá de lo inmediato. Y como siempre digo en mi blog, es justo lo contrario lo que exige el mundo actual. Como no vivimos tan mal, mejor no tocar nada. Pues tampoco es así. Pero tenemos la mala costumbre de reconocer lo que está bien hecho demasiado tarde. Ahora resulta que una de las grandes obras de los 90 a nivel mundial es el Guggenheim de Bilbao y nosotros sin creérnoslo hasta hace dos días. Y pasará lo mismo con el TAV, si no, ahí tenemos el ejemplo de la A-15 Donostia-Iruña. Tantos noes para andar después todos por esta carretera. Luego todo el mundo se apunta a caballo ganador sin mirar atrás. Lo hacemos todos los días.