domingo, 4 de abril de 2010

Abertzale soy…

ASIER ARANBARRI URZELAI Portavoz de EAJ/PNV en Juntas Generales de Gipuzkoa

Cuando veo a empresarios trabajar sin reloj. Cuando veo a empleados sudar. Cuando oigo “aitte”, a secas. Cuando veo el Izarraitz nevado. Cuando comparto cola en Eroski con magrebíes. Cuando me atiende el médico de cabecera de turno en el ambulatorio. Cuando la ertzaina me da paso. Cuando paso por la UPV. Cuando saboreo el txakoli. Cuando veo a los arrantzales descargar. Cuando veo que me meteré en un vagón en Ezkio-Itsaso y saldré en París. Cuando sé que puedo leer “Grúas Jaso” en Singapur. Cuando me cuentan que en las ferias los alemanes se echan debajo de las máquinas fabricadas en Azkoitia para coger ideas. Cuando las cifras de desempleo son muy inferiores a la media estatal. Cuando contesto “Basque Country”. Cuando estoy en un atasco y pienso en el segundo cinturón de Donostialdea. Cuando veo que la Real va ganando. Cuando compruebo que en Euskadi somos muchos más los que estamos construyendo que los que están destruyendo. Cuando veo lo que hemos hecho desde que el primer lehendakari jurara cumplir fielmente su mandato un 7 de octubre de 1936. Todo lo dicho y más.

También lo soy…

Ante quienes aseguran que ser abertzale es llevar txapela y tocar la txalaparta. Ante quienes creen que el nacionalismo histórico es una mecha incendiaria de violencia. Ante los que opinan que el PNV ha liderado este país desde las trincheras. Ante quienes nos ven poco cosmopolitas. Ante los que confirman que nuestros valores, los valores tradicionales, son conservadores y retrógrados. Ante los que nos tachan de cerrados y separatistas. Ante quienes nos dicen que el nacionalismo se cura viajando. Ante quienes nos califican de simples románticos. Ante quienes se toman el esfuerzo y el coraje de nuestros empresarios como consecuencia de la avaricia de la patronal, y el silencio de los trabajadores como fracaso sindical. Ante quienes se niegan a compartir una parranda porque piensan que prohibimos jugar a la selección española. Ante los que creen que tenemos víctimas de primera y de segunda. Ante quienes se limitan a ahogar mi lengua materna. Ante quienes hablan como si el sufrimiento fuera patrimonio ajeno para nosotros. Ante los que quieren aniquilar nuestra voz en Europa. Ante quienes se ríen de quien no controla la gramática española porque no ha conocido más que el euskera. Ante quienes incumplen su palabra. Ante quienes rechazan “de facto” nuestro derecho a decidir. Ante quienes se burlan de mi identidad. Ante quienes piensan que fanfarroneamos por tener unos derechos históricos que nos corresponden como pueblo. Ante quienes no me miran a los ojos porque no saben de qué les hablo.

Y lo soy aún más…

Entre quienes gritan “PNV español”. Entre los que reniegan de la labor institucional de todos estos años. Entre los que no están dispuestos a entregar las armas, dando la espalda a los suyos. Entre los defensores de los pistoleros que hablan en nombre de todos los vascos. Entre los que no distinguen hacer política y hacer daño. Entre los que no son acérrimos defensores de los derechos humanos. Entre los que crean sufrimiento para propios y extraños. Entre los que van con la cara alta aun habiendo llenado las cárceles y los cementerios.

Por todo ello, el próximo domingo estaré en el Aberri Eguna, reivindicando un nuevo estatus de autogobierno que contemple nuestra capacidad de decidir con todas las garantías que ha de conllevar un pacto bilateral que permita una estabilidad institucional. Ése va a ser nuestro mensaje: Derecho a decidir, pacto, autogobierno, derechos humanos… en definitiva, Euskadi.

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miércoles, 31 de marzo de 2010

Un post-it de por vida en las neuronas

ASIER ARANBARRI URZELAI Portavoz de EAJ/PNV en Juntas Generales de Gipuzkoa

Al nacer no somos más que hijos. Antes de que acabe el eco de la dichosa frase “¿cuándo va a estar mejor que ahora?”, nos vemos convertidos en novios, maridos, padres o ex maridos, aunque el orden da igual. Y llega el punto de retorno. Ocurre en ese preciso instante en el que nos abrimos al grito de nuestra conciencia. “Ha llegado la hora de empezar a preocuparte por tus padres, al igual que hasta ahora ellos lo han hecho contigo”. Y ya nada vuelve a ser igual. No nos desprenderemos de esa sensación. Es como llevar un post-it de por vida en las neuronas. Volvemos a ser hijos. Ya no para pedirles algo de calderilla o aconsejarles masajista, sino, para acompañarles en su día a día y aliviarles el temor a la soledad y a la muerte. Un miedo desconocido e inexistente en la infancia se convierte, con el paso de los años, en un miedo que te martillea constantemente. Y tú te ves inmerso en un círculo. Tanto tus padres como tus hijos necesitan tu cariño, tu tiempo, tu sonrisa. Ser hijo y ser padre significa a veces olvidarte de ti mismo.

A las ocho de la mañana la escena se repite en miles de hogares: te dicen “bueno, hoy puedo llevarlos yo al cole, recóge tú a Janet a las cinco, porque yo no puedo acompañar a judo a Mikel, además tengo que pedir permiso para salir media hora antes porque tengo dentista, y Janet luego no vendrá hasta la ocho porque tiene clarinete y la compra la tenemos que hacer a medias. Compra tú una barra de pan para cenar que yo ya me encargo de las pechugas. ¡Ah! ¡Y no te olvides que hoy viene el técnico de la lavadora y además, hay reunión de escalera!”. Suena más a un silogismo con una clara deducción. Claro, ¿y el índice de natalidad? Tengo entendido que cuantos más niños o más mujeres en el mercado laboral, menos impuestos habrá que pagar, o al menos, podré vivir más o menos como hasta ahora, ¿no?

Para cuando llegan las pechugas al plato, ya estamos pensando en el día siguiente. La olla-exprés es nuestra salvación. Para que luego digan que son los americanos a los que les va la comida rápida… No. Llama la abuela por teléfono con cualquier excusa. Los peques no quieren ponerse al habla y lloran porque tampoco quieren ponerse el pijama. Y sus lloros hacen coro con el ronroneo de la tele, mientras mi mujer me mira con cara de “haz algo”. Me entran ganas de meterme en Facebook y hablar de las orcas. O mejor dicho, que hablen otros. A mí me basta con respirar. Y cuando estoy dispuesto a pinchar el primer trozo de pollo, me viene a la cabeza la palabra “conciliación”. Un concepto que tiene que pasar a formar parte de nuestra práctica diaria. Bien. Tenemos la fórmula. Conciliación familiar y laboral. ¿Para qué? ¿por qué? Porque nuestras hijas e hijos nos necesitan, así como sus aittittes y amamas. Con el actual modelo social, ¿creen que van a poder morir tranquilos en su propia cama como realmente se merecen? Y os pregunto a vosotros, a los futuros padres, ¿creéis que estaréis presentes cuando vuestro campeón empiece a dar sus primeros pasos? Cosa difícil. Os aconsejo que quien cuide de vuestros peques lleve siempre consigo una grabadora para cuando diga “aita” o “ama” por primera vez. También los aitas pensamos así, aunque parezca que este tipo de sentimientos son patrimonio de las madres. Todo esto tiene consecuencias, claro. En algún blog he leído que en Japón se están enfrentando al fenómento del “niño caracol”, adolescentes que se encierran en su habitación, incapaces de enfrentarse a la sociedad.

Lamentablemente, no hay más que extremos. O no tenemos trabajo o no tenemos tiempo. Y me pregunto: ¿qué podemos hacer nosotros, los políticos? ¿Por ejemplo, como dije en algún otro artículo anterior, ver si se pueden dotar de incentivos fiscales las empresas que de verdad intentan conciliar la vida de sus trabajadores? Desde EAJ/PNV vamos a presentar una propuesta no de norma en Juntas Generales para que en un plazo de seis meses, y dentro del marco de Gipuzkoa Aurrera, la Diputación Foral de Gipuzkoa haga un estudio para ver la viabilidad de este tipo de medidas destinadas a hacernos más fácil el día a día. Incluso las empresas salen ganando porque hay menos absentismo y mayor rendimiento.

Llega la hora de la innovación de las personas, del reconocimiento del capital humano del que disponemos. Porque en Gipuzkoa, seamos lo que seamos, somos pocos. El valor está en las personas. Por eso, la nueva cultura empresarial tiene que esforzarse por cuidar su equipo humano. Por hacerle feliz en la medida de sus posibilidades. Hay fórmulas sin explotar y es hora de dar paso a una nueva era en la que las comidas de trabajo formen parte del pasado, lo mismo que las reuniones a las 18.30h. Si no lo hacemos así, estaremos perdiendo todo el potencial que la mujer puede dotar al mercado laboral. Por mucha igualdad que reivindiquemos, me da que la mujer no está dispuesta a acepar ofertas de trabajo que exijan sacrificar demasiado a la familia. El hombre sigue queriendo ascender profesionalmente cueste lo que cueste, mientras que para la mujer lo primordial es su horario de trabajo.

Pero para que todo encaje hace falta otro modelo social que sólo construiremos con el esfuerzo de todas y todos. Partidos políticos, sindicatos, patronal, demás agentes socio-económicos, centros de formación y ciudadanía tenemos un gran reto: decidir cómo queremos vivir por el bien de nuestros padres y nuestros hijos, sin olvidar que algún día seré yo quien suplique que no me cambien de cama porque no soporto el olor de otras sábanas que las que me han arropado desde siempre. Como portavoz de EAJ/PNV en Juntas Generales os lanzo desde aquí una invitación para que poco a poco le vayamos dando la vuelta a esta situación que nos está ahogando.

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martes, 23 de marzo de 2010

José Antonio Agirre, como me lo han contado

ASIER ARANBARRI URZELAI Portavoz de EAJ/PNV en Juntas Generales de Gipuzkoa

Nuestra historia personal no empieza con una hoja en blanco. Sencillamente, con nosotros, conmigo y contigo, se sigue engrosando el libro. La pluma se coge o se deja. Ahí radica la libertad. Vivimos pensando en que hemos nacido para hacer algo, que estamos haciendo algo. Pero ese “algo” no es una semilla que da frutos de un día para otro. No estoy hablando de comprar anchoas. Ese “algo” viene de atrás. Otros lo han hecho antes. Otros han sentido la necesidad de hacer “algo” antes. En mi familia, ese “algo” siempre ha rondado en torno al nacionalismo. Un nacionalismo entendido como puro sentimiento por un pueblo. No como un nacionalismo romántico excluyente. Un sentimiento germinado en mí, como no cabe de otro modo, al calor de los míos. Un sentimiento que sale por cada uno de mis poros. No un sentimiento ajeno ni impuesto. He mamado ese “algo” empezando por dos mujeres de mi familia a las que siempre les he echado mucho de menos en mi cocina. Lamentablemente, su presencia y la mía en este mundo han coincidido durante un periodo de tiempo excesivamente breve. Hablo de las hermanas de mi aittitte Justino. De Julene y Joaquina Urzelai –Joakiñe en casa-. Julene, excelente oradora y miembro de la organización de mujeres nacionalistas Emakume Abertzale Batza anduvo de mitin en mitin en tiempos de la república. Le acompañaba su hermana. Tras el bombardeo de Gernika, Julene se exilió a Venezuela y no volvió a Euskal Herria en treinta años. La última vez que estuvo en nuestra casa, yo apenas tenía diez años. Pero tengo la impresión de que la conozco muy bien, porque la transmisión oral siempre ha funcionado en mi casa. Las tertulias familiares han hecho de ella, una referencia para mí.

Julene conocía bien a José Antonio Agirre. Contaba mi abuelo que le definía como un hombre “arrollador, vigoroso, ferviente nacionalista” y empleaba términos como “descubrimiento” o “revelación”. Según mi izeko, antes que nada era “todo sentimiento”. Un líder. Apasionado y lúcido. Polifacético. Un europeísta convencido. A él le debemos un nacionalismo integrador con proyección internacional de amplia base social y conectado con la sociedad civil, un escrupuloso respeto a los derechos humanos, su gran trabajo con la políticas sociales más avanzadas. En definitiva, un modelo muy actual de construcción nacional y social con una clara vocación europeísta.

Ahí están las biografías. Un hombre revolucionario. Un adelantado a su tiempo en su empresa familiar de chocolates, -cuyos empleados tenían asistencia médica y vacaciones pagadas-, y en Nueva York. Jugador del Athletic, alcalde de Getxo, diputado en las cortes… Primer lehendakari vasco. Hoy, 22 de marzo, se cumplen 50 años de su muerte en París y su discurso sigue totalmente vigente. Hoy, más que nunca, me uno a su causa. A él le debemos conceptos como “soberanía” e “independencia”, aunque no le dio tiempo a desarrollarlos. Y aquí seguimos, dándole vueltas a lo mismo. Como decía “contra los pueblos en marcha no hay lucha. O se transige o se pierde. Por eso nosotros miramos hacia delante con fe y seguridad”. Son este tipo de hombres los que han venido escribiendo mi libro. Porque entre Gernika y Nueva York, está también mi casa.

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miércoles, 17 de marzo de 2010

El gurú de la política vasca

ASIER ARANBARRI URZELAI Portavoz de EAJ/PNV en Juntas Generales de Gipuzkoa

“Que había mucho feeling entre Arnaldo Otegi y Jesús Eguiguren ya lo sabíamos. La mejor propaganda de la revista Aldaketa 16 se la hizo Arnaldo cuando en una entrevista dijo que la izquierda abertzale estaba más cerca del PSE que del PNV. Es decir, está más cerca del socialismo que del nacionalismo. Ahora, al PSE le toca la remontada. Y Eguiguren pisa el acelerador. Si los españoles no le han perdonado al jefe de la Moncloa que se enterara de que venían turbulencias económicas antes de que le diera tiempo a recibir instrucciones de uso del paracaídas, será el ideólogo del socialismo vasco el que intente ponerle una chapa como si fuera mérito suyo el que la izquierda abertzale haya llegado a la conclusión a la que ha llegado. Para ser del mismo partido que Rubalcaba, los argumentos utilizados son contrapuestos. Si hasta ahora todo era ETA, ya ha empezado Eguiguren a distorsionar el mensaje para ir preparando terrenos. En CNN+. lo dejó claro. Tras el fracaso de Loiola, ETA quería más terrorismo, Batasuna, más política. Ahora no todo es lo mismo. Y tras el bochorno de Egunkaria, a intentar sellar bocas. Pues antes de dar declaraciones, debería de reunirse con Rubalcaba y unificar el mensaje. No será que el primero tiene en mente un gobierno a la catalana y está preparando el aterrizaje… Claro, que para que los votantes entiendan de qué va todo esto, tiene que apretar para que esa condena a ETA llegue antes que toda la vorágine electoral. Y claro, con ellos volverá “la normalidad”.

No vale con ponerse la corbata

“Es evidente que para la “troupe” de Patxi López, Lakua es una delegación del Gobierno de Madrid y los intereses de los vascos, los de todos los españoles. Ahora bien, de ahí a gestionar el país como si hubieran descubierto las Américas… He tenido la ocasión de estar con más de un empresario que ha viajado a Brasil con nuestro lehendakari y que ha vuelto con la sensación de que a nuestro Patxi –lo de “nuestro” es un decir- le corre Coca-Cola por las venas en lugar de sangre. Mucha chispa y poca chicha. Según me cuentan, sin perder la sonrisa, el hombre se jacta de que desde que duerme en Ajuria Enea, las empresas vascas exportan máquinas, mientras que con Ibarretxe y sus predecesores no vendían en el extranjero más que terror. ¿Qué opinión tiene el lehendakari del tejido empresarial vasco para decir semejante barbaridad? Ahora sí me creo que a López le gusta la música y que toca el saxo. Da la impresión de no haberse quitado las orejeras hasta que se ha dado de bruces con la puerta de su despacho de Lakua. No soy quien para restar méritos a nadie pero los economistas tienen claro que el crecimiento de España en el 2011 va a ser muy reducido, mientras que en Euskadi ya se están dando los primeros síntomas de recuperación. ¿Alguien se cree que uno va a Alemania, Brasil o China a vender máquinas de un día para otro como si fuera al mercado con lechugas? Con todos los respetos, un lehendakari debería de tener una mínima consideración con el empresariado vasco por muy obrero que sea. Y un respeto. No vale con ponerse la corbata”.

Euskara, anaia ttikia

“Uste dut Euskal Herrian hizkuntza ereduetan ez dugula beti asmatu. Zergatik? Gune, herri edo bailara bakoitzak errealitate ezberdina bizi duelako. Aldiz, hizkuntza politikak gauzatzeko orduan, ez dakit behar adina erreparatu zaien ezberdintasun horiei. Hala eta guztiz, azken urteetan aurrerapausu itzelak eman dira eta normalizazio bidean aurrera egin behar dugu. Zor diegu aurrekoei eta ondorengoei. Nik zortea izan dut. Azkoitian, etxekoak euskaldunak izaki, ez dut ahalegin berezirik egin behar izan euskara ikasteko. Beharbada, herri erdaldunago batean jaio izan banintz, edota nire gurasoak etorkinak izan balira, orain euskaltegian nengokeen “Nor nori nork” taulak ikasten. Edo alferkeriak joko ninduen eta sekula ikasi ez. Kontrakoa gertatu zait. Gaztelaniaz telebistari edo irakurketari esker ikasi dut. Unibertsitatean zuzenbideko ikasketak gaztelaniaz egin nituen, erren ibiltzekotan, erdaraz nenbilelako okerren. Itsukeria galanta iruditzen zait harro egotea seme-alabak euskara hutsean bizi direlako. Koadrila euskaldun batera euskaraz ez dakien bat etorri eta erdaraz ez hastea errespeto falta iruditzen zait eta ez dut uste mesedegarria denik euskararentzat. Hala eta guztiz, anaia zaharrari ttikia defendatzea eskatzen zaion moduan, euskararen aldeko neurriak martxan jartzea ezinbestekoa da. Bakoitzak aukeratzen du gero zer hizkuntza erabili. Baina askatasun hori ezagutzaren ondorio dator. Patxi Baztarrikarekin erabat bat nator. Aurkeztu berri duen “Babeli gorazarre” liburuan dio denek ulertzen duten neurrian, euskaraz bizi nahi duenari euskaraz bizitzen uzten zaiola. Hizkuntza, errespetu kontua da. Baztarrikak kohesio sozialean oinarritutako hizkuntza aniztasuna aldarrikatzen du eta bere esanetan, politika publiko aktiboak behar dira hiruelekoa izatea nahi dugun gizartean, euskarak biziraungo badu. Hizkuntza sailburuorde ohiaren aburuz, giltzarria gizartearen atxikimenduan datza. Eta hori denon artean lortu behar dugu. Hizkuntza ez da politika kontua, norberaren ondarea da. Eta hori ez dago salgai”.

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lunes, 8 de marzo de 2010

¿Qué haríamos sin vosotras?

ASIER ARANBARRI URZELAI Portavoz de EAJ/PNV en Juntas Generales de Gipuzkoa

El mundo sin la existencia de la mujer sería como la tierra sin mar. Parte de lo que somos, lo somos por las mujeres que nos rodean. Madres, hermanas, sobrinas, novias, amigas, hijas, esposas… Hay algo que la naturaleza no se esfuerza en disimular. Al contrario que nosotros. En un mundo políticamente correcto, reivindicamos la igualdad cuando es evidente que no lo somos. Lo digo porque las niñas a los tres años ya quieren hacer pipí y saltar como los niños y aquí algo de razón he de darle a Freud. Somos diferentes. Ahora bien, hoy por hoy, seguimos celebrando el 8 de marzo y reivindicando para la mujer los mismos derechos que goza el hombre. ¿Qué es lo que falla entonces? En principio, casi nada, para los que vivimos en unos parámetros normales. Y todo, para aquellas mujeres víctimas de violencia machista que caen en las garras del animal en el que se convierte su agresor una vez bajadas las persianas de casa.

En un contexto normalizado, los problemas no se vislumbran en exceso hasta que la mujer decide ser madre. Es cierto que la mayor revolución de la mujer ha sido el retraso de la maternidad, pero no es menos cierto que la mujer ha tenido que multiplicarse.

Según las estadísticas, tenemos un gran potencial desaprovechado porque el asalto al mundo laboral por parte de la mujer se ha hecho a medias. La crisis ha acentuado la situación. Muchas trabajan pero no cobran igual que el hombre. Pero hemos llegado a tal nivel que, a pie de calle, aunque la mujer perciba las estadísticas y las nóminas como una discriminación, todo queda en un grito silenciado, quizás, por un conformismo que, bien mirado, no se sostiene por su falta de argumentación. Es una realidad oculta que no traspasa las puertas de las administraciones de las empresas o de las agencias de contratación de personal. Nadie se atreve a preguntar a una mujer si piensa tener hijos en una entrevista de trabajo, pero es sin duda, un factor que se tiene en cuenta. Al igual que si vamos a reparar el coche, a mí me explican en qué consiste el fallo en el motor, mientras que a mi mujer le dan largas.

Sin embargo, hay muchos indicios de normalidad. La mujer sale, paga con VISA, fuma y bebe, vota, viaja, compra, firma, opina… Pero en el siglo XXI, - y es el drama que echa por tierra los principios feministas radicales- es que la mujer, cuando llega la hora de la verdad, sigue queriendo criar ella misma a sus hijos. Con o sin ayuda. Eso no cambia. Y los niños siguen siendo igual de niños.

La mujer se ha ataviado con su ordenador portátil y zapatos de tacón; y con buzo, casco y botas. Pero sigue prefiriendo ser ella quien pida una excedencia o una reducción de jornada para cuidar a sus hijos, aún a costa de bajar unos cuantos escalones profesionalmente o perder para siempre la oportunidad de ascender. No hay técnicos ni leyes de igualdad que cambien ese deseo y esa forma de actuar. No hasta ahora. Para el hombre lo importante es el cargo, el sueldo. Para la mujer, el horario de trabajo. Y ahí vuelven las diferencias. La mujer sigue sin permitirse perder tres horas en una comida de trabajo porque quiere recoger a los críos a las cinco. Ni sale a hacer footing después del trabajo si antes no lo tiene todo organizado. La mayoría de los hombres intentamos seguirles el ritmo. “Si le digo que compre naranjas, me las compra. Pero es que ¿no ve él que faltan naranjas?”, se quejaba el otro día una amiga.

No es verdad que la mujer ha salido de casa y el hombre no ha entrado. La verdad es que la mujer vive con un pie dentro y otro fuera, equilibrando la familia y el trabajo como un funambulista.

Hace unos años estaba mal visto que saliera fuera a trabajar. Luego, lo hacía para “traer un ayudita”. Ahora, puede ganar más que su pareja. Tiene que llegar el día en el que desde la libre elección, hombres y mujeres soliciten por igual las bajas por maternidad o paternidad, las excedencias y las reducciones de jornada. Depende sobre todo de nosotros, los hombres. Pero, antes de nada, y vista la evolución que llevamos, hay que preguntarle a la mujer qué es lo que realmente quiere. La verdadera libertad está en que la elección parta de una igualdad real entre hombres y mujeres. Es lo que tenemos que conseguir. A partir de ahí, dejémosles a esas mujeres que quieren quedarse en casa y criar a sus hijos, porque hemos pasado de mirar mal a quienes salían a trabajar a menospreciar a las amas de casa. Y tampoco es eso.

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